El Estudio de Arquitectura Campo Baeza (Madrid) y el estudio quiteño Maoda han obtenido el primer premio en el concurso internacional para el diseño del nuevo Museo Nacional del Ecuador (MUNA), un edificio vertical en el Parque La Carolina de Quito concebido como una “caja de luz y sombra” para custodiar la historia y los tesoros artísticos del país.elcomercio2026.07.07_MUNA_Nota-de-prensa-ES.pdfprimicias
Un concurso para construir la memoria
El fallo del jurado se hizo público el 6 de julio de 2026 en un acto celebrado en Quito, cerrando un proceso que arrancó con una convocatoria internacional que recibió 148 propuestas de equipos de más de veinte países y seleccionó veinte finalistas, de los que diecisiete llegaron a la fase de entrega. El jurado, formado por arquitectos como Alejandro Zaera-Polo, Eduardo McIntosh, Hernán Crespo Bermejo, Luis López y Diego Ordoñez Holguín junto a representantes institucionales y del propio museo, eligió la propuesta de Campo Baeza y Maoda como ganadora.2026.07.07_MUNA_Nota-de-prensa-ES.pdfprimicias+1
El concurso contempla una inversión estatal de 100 millones de dólares destinada al desarrollo del anteproyecto arquitectónico y a la futura construcción del MUNA, en un terreno estratégico en el centro norte de Quito que busca dotar al Museo Nacional de una sede propia permanente. El nuevo museo se plantea como la infraestructura clave para conservar y exhibir más de un millón de bienes patrimoniales que hoy permanecen mayoritariamente ocultos o dispersos.lahora+22026.07.07_MUNA_Nota-de-prensa-ES.pdf
Ecos del sol: plaza, caja y territorio
Bajo el lema “Ecos del sol, memoria de proyecto”, el edificio se sitúa presidiendo el Parque La Carolina, en la confluencia de dos grandes vías, retranqueado hacia el sur para liberar una gran plaza urbana. Esa plaza actúa como antesala climática y urbana: un espacio de transición que filtra ruido, tráfico y sol mediante árboles, agua y sombra antes de acceder al interior del museo. La operación convierte el hall en la prolongación de un espacio público que se densifica en el límite entre parque y ciudad.elcomercio2026.07.07_MUNA_Nota-de-prensa-ES.pdf
La propuesta insiste en la condición vertical de Quito y en la tradición andina de una arquitectura que se relaciona con el cielo y el sol a través de plataformas y pirámides escalonadas, desde las Tolas de Cochasquí al Templo solar de Ingapirca. El proyecto traduce esa genealogía en una caja vertical perforada por patios y grandes huecos excavados, envuelta por una banda continua de espacios en sombra que actúa como filtro solar y climático. La masa se abre hacia el paisaje andino y convierte el museo en un mirador compacto, más que en un objeto aislado.2026.07.07_MUNA_Nota-de-prensa-ES.pdf
Tres bandas y una constelación de patios
La planta rectangular responde a la forma alargada del predio con un esquema muy legible: una banda sur que reúne los espacios de exposición, una banda central para circulación y una banda norte que concentra los cuatro núcleos verticales de comunicación, servicios y una serie de patios. Estos patios funcionan a la vez como dispositivos de control de luz y ventilación y como espacios expositivos para piezas exteriores, extendiendo la museografía hacia lo climático.2026.07.07_MUNA_Nota-de-prensa-ES.pdf
Cada patio recibe un nombre: Sol de Oro, la Tolita, Pichincha, Inti, Caspicara, Legarda, Ingapirca y, en coronación, la terraza Quito a 2.854 metros sobre el nivel del mar. La secuencia vertical propone una narrativa que enlaza referencias arqueológicas, geográficas y artísticas del país, culminando en una cubierta pública elevada desde la que la ciudad y el museo se leen simultáneamente. El recorrido por el edificio se convierte así en una ascensión simbólica: de la plaza urbana a un observatorio cultural sobre Quito.elcomercio2026.07.07_MUNA_Nota-de-prensa-ES.pdf
Arquitectura silenciosa en la escena museística latinoamericana
El propio estudio describe el proyecto como un intento de “crear para el Ecuador el museo más hermoso del mundo”, enmarcado por la luz y la sombra de Quito. Frente a una escena latinoamericana reciente marcada por museos de fuerte gestualidad icónica —desde contenedores-escultura en Ciudad de México o São Paulo hasta envolventes mediáticas en Santiago— el MUNA apuesta por una arquitectura silenciosa: un volumen riguroso, casi abstracto, cuya singularidad está en la manera de recibir el sol, articular la sombra y ordenar el espacio público. La radicalidad aquí no reside en la forma espectacular, sino en el control extremo de luz, sección y recorrido; una posición que dialoga con la trayectoria de Campo Baeza en otros proyectos expositivos y que puede situar al MUNA como referencia en la construcción de infraestructuras culturales latinoamericanas menos dependientes de la imagen y más centradas en atmósfera y uso.
Enlaces y créditos
- Web oficial del concurso del Museo Nacional del Ecuador (Gobierno del Ecuador): https://construccion.museonacional.gob.ecvicepresidencia2026.07.07_MUNA_Nota-de-prensa-ES.pdf
- Colegio Oficial de Arquitectos del Ecuador, Pichincha: https://cae.org.eceloriente2026.07.07_MUNA_Nota-de-prensa-ES.pdf
- Estudio Arquitectura Campo Baeza: https://www.campobaeza.comcampobaeza2026.07.07_MUNA_Nota-de-prensa-ES.pdf
