
Un parque que combina la gestión del agua con la vida cotidiana y una fuente ornamental convertida en lugar de encuentro. El Premio Europeo del Espacio Público Urbano 2026 reconoce dos maneras de abordar una misma cuestión: qué puede hacer una infraestructura por la ciudad, además de cumplir su función técnica.
El proyecto Zuidpark, en Amberes, de Tractebel, atelier adr y Georges Descombes, ha obtenido el galardón por transformar un gran vacío urbano en un espacio público acogedor e inclusivo. El jurado internacional destaca el equilibrio entre las decisiones de escala infraestructural y las intervenciones de diseño sutiles y cuidadas, capaces de combinar el uso espontáneo, el descanso y una innovadora gestión del agua.
Lo interesante es esa convivencia. La infraestructura hidráulica no aparece como un problema técnico que resolver al margen del parque, sino como parte de su construcción paisajística. Según el fallo, el proyecto reúne gestión del agua, memoria histórica y diseño del paisaje para crear un patrimonio duradero para la ciudad. Un espacio que tiene que funcionar cuando llueve, pero también cuando alguien simplemente quiere sentarse.
Logroño: de mirar el agua a ocupar la fuente

La mención especial ha recaído en Baños en la Rotonda, la intervención efímera de Leopold Banchini para el Festival Concéntrico de Logroño. Con una superficie de 205 m², el proyecto transforma una fuente ornamental en un lugar de encuentro para la comunidad.
El jurado reconoce el cuidado del diseño y el uso responsable de los recursos, pero también su capacidad para impulsar cambios urbanos mediante una intervención acotada. Frente a la escala de Zuidpark, Banchini trabaja con una pieza existente y altera su relación con los ciudadanos. La fuente deja de ser únicamente algo que se contempla.
Ambos proyectos permiten leer el agua como algo más que un recurso que gestionar o un elemento decorativo: también puede organizar el uso colectivo del espacio.
De las infraestructuras de movilidad a los espacios de estancia

Entre los finalistas, el jurado también ha destacado dos operaciones de reconversión de antiguas infraestructuras de movilidad.
En Barcelona, la transformación de la plaza de las Glòries reorganiza la circulación y el transporte público en una cota inferior, liberando la superficie para un parque y refugio climático. En Vicenza, la conversión del antiguo aeropuerto en el parque de la Paz sitúa la biodiversidad y el ciclo hídrico en el centro de la intervención.

Las escalas y los instrumentos son distintos, pero la dirección es compartida: transformar espacios antes dedicados al movimiento en lugares donde también sea posible quedarse. El premio de este año permite plantear una pregunta bastante concreta sobre el proyecto urbano: no solo qué infraestructura necesita una ciudad, sino qué vida pública puede construirse con ella.
Un premio con vocación europea, social y cultural

El Premio Europeo del Espacio Público Urbano tiene su espacio natural en la ciudad europea que, a pesar de su diversidad, comparte algunos elementos históricos comunes, como la escala humana, el diseño compacto y el carácter mixto en los usos. En esta idea de ciudad europea, el espacio público tiene un papel clave de encuentro colectivo, cargado de valores políticos, económicos y sociales, que son indivisibles de un diseño físico que los acomoda y los hace posibles.
A lo largo de sus 25 años de historia y de las 12 ediciones realizadas, el Premio ha recibido 2.800 propuestas de 43 países miembros del consejo europeo. De su análisis se puede determinar la evolución y el cambio de prioridades urbanas en Europa en este período.